miércoles, 21 de enero de 2015

La Sanación de las Heridas Sagradas a través de los Registros Akáshicos

La Sanación de las Heridas Sagradas a través de los Registros Akáshicos


                                                                                        El trabajo con y a través de los Registros Akáshicos tiene infinidad de aplicaciones útiles, siendo una de ellas la sanación de las heridas sagradas que, por un motivo u otro, prácticamente tod@s tenemos en nuestro haber personal. Unas veces, esas heridas se produjeron a edades muy tempranas, incluso antes del nacimiento, si por alguna circunstancia el embarazo y la llegada del nuevo ser que somos, no fue recibida con amor y alegría por parte de nuestros padres y, especialmente de nuestra madre, por ser su cuerpo el cáliz sagrado donde la semilla de la nueva vida quedó sembrada y donde se desarrolló hasta alcanzar la madurez suficiente para poder vivir en la vida exterior e ir adquiriendo, poco a poco, la autonomía necesaria para hacer las cosas por sí misma, diferenciándose a la vez de sus progenitores aunque, como no podría ser de otro modo, guardando también estrechas y profundas similitudes con ellos, no sólo por el  inmenso regalo que nuestro padre y nuestra madre nos hicieron al transmitirnos su código genético, sino también en función de y de acuerdo con los aprendizajes, experiencias, vivencias y demás situaciones que a lo largo de cada encarnación nos toca vivir, asumir y disfrutar, con el fin de que nuestra alma adquiera cada vez una experiencia mayor y más amplia aquí en la Tierra, aumente su capacidad de comprensión, compasión, amor infinito y puro por todo, paz, desarrollo…, antes de regresar al estado del que partió y ofreciendo cuanto de aquí se lleva en su viaje de vuelta.
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                                                                                        Nadie nace en un lugar, un país o una familia que no le corresponde. Este tipo de equivocaciones, la verdad es que ninguna otra, no tiene lugar dentro de la Creación Divina que tiene todo organizado y previsto y, a la vez, deja todo abierto y pone en nuestras manos el libre albedrío, por lo que esas previsiones no necesariamente se cumplen en el tiempo estipulado para cada alma, sino a través de todas las vidas y encarnaciones que cada una necesite para llegar a su perfección, realizando todas las vivencias, aprendizajes, experiencias y, porque todo es Uno, contribuyendo a las vivencias, experiencias y aprendizajes de sus semejantes, especialmente de todas aquellas personas con las que en cada encarnación se encuentra, con la intención de que cada una de ellas, y todas a la vez, puedan realizar su cometido, su compromiso, su propósito y tarea particular, esos que las almas acordaron llevar a cabo antes de ponerse el traje terrestre y bajar a la Tierra desde los reinos superiores y espirituales, donde se analiza concienzudamente todo lo que en el medio terrestre se va a hacer, con el fin de que se lleve a cabo de la manera más adecuada posible, proporcionando siempre la mayor cantidad de evolución, desarrollo y beneficio disponible para todas las partes involucradas.

                                                                                        Como consecuencia de ello, y también como punto de partida, todo lo que en el plano de tercera dimensión parece un castigo, una prueba, una dificultad, un obstáculo, un perjuicio, una herida, y todas las demás palabras que usáis para mencionar todas aquellas cosas que os parecen perjudiciales, no son sino acuerdos sagrados que elegisteis y firmasteis antes de encarnar. Acuerdos o contratos, como prefiráis decir, relacionados con esas experiencias, aprendizajes, vivencias y también, ¡cómo no! creaciones, experimentaciones, pruebas, desafíos…, no puestas por nadie, ni siquiera por la Divinidad misma, sino escogidas por vosotr@s, en estado de alma, para lograr esa mayor evolución, conciencia, amor, comprensión, compasión, luz, creatividad y demás cualidades divinas que cada alma, sin excepción, ha de desarrollar y extender a lo largo y ancho de su existencia eterna e infinita, porque nunca se acaba el desarrollo, la evolución…, de la misma manera que nunca se acaba ni se acabará la Vida. La Vida es eterna e infinita, porque ha nacido de una Inteligencia Suprema que también lo es y, por lo tanto, no podría haber creado algo diferente a Ella, algo que estuviera por debajo de su vibración energética, de sus cualidades, de sus características, talentos, dones, habilidades… Es verdad que, una vez atravesados los planos superiores y dentro en la atmósfera de la Tierra, la densidad necesaria para que una alma pueda manifestarse ahí, rodea de tal modo vuestra chispa divina, vuestra semilla cósmica y celeste, rodea de tal manera lo que en realidad sois: plena y pura Luz, Amor, Sabiduría, Sanación, Paz, Inteligencia, Conciencia…, que parece que habéis sido cread@s de un modo y de un material diferente por completo a aquél que forma a la Nada, al Todo, a Dios/Diosa/Todo Lo Que Es, o como quiera que llaméis a la Inteligencia, la Voluntad y el Amor de los que todo ha partido y a donde finalmente todo tendrá que volver.

                                                                                        Ese vestido terrestre, el vehículo que vuestra alma necesita para cada encarnación, léase el cuerpo físico, con todas sus características y peculiaridades, necesariamente ha de pasar por todas y cada una de las experiencias propias de ese plano denso y material en el que os encontráis en ese planeta azul que llamáis Tierra, y que en muchos otros puntos del Cosmos llamamos Urantia. Pero en fin, no es éste el lugar ni el momento para hablar de esto. Lo mencionamos sólo de pasada y para que tengáis presente que hay muchos conocimientos y sabiduría relacionada con ese planeta que todavía no sabéis y que irá saliendo a la luz a medida que el avance de vuestra conciencia se produzca y tengáis cada vez un mayor acceso a toda la información relativa a ese planeta de encarnación y de experimentación como no hay otro en el Universo Infinito. Volviendo al vehículo terrestre, al cuerpo físico que vuestra alma elige para viajar por la Vida en la Tierra en cada encarnación, para experimentar lo que sólo ahí se puede experimentar, es imprescindible que tengáis en cuenta y recordéis continuamente, que bajáis a ese planeta azul, no os caéis ni nadie os tira, a conocer todo tipo de situaciones, relaciones, acontecimientos… y por eso, para que esto pueda tener lugar, no os queda otra alternativa que pasar y experimentar tanto cosas agradables, bonitas, placenteras, extáticas… como también todas las cosas opuestas a ellas.

                                                                                        En realidad, fuera del plano terrestre, una dimensión que durante muchos siglos ha dado preferencia al intelecto, a la razón y a lo que sólo se puede percibir con los sentidos físicos, por encima de la intuición, el saber y la guía interior, las emociones superiores, la espiritualidad…, no existe esa dualidad que tanto os preocupa y crea dificultades ahí, porque todo participa de la Unidad. Pero ahí, en la Tierra, una de las experiencias por las que habéis de pasar, mejor dicho, una de las experiencias que vuestra alma elige para su mayor evolución y perfección es, precisamente, la de la dualidad. Y por ese motivo, cuando lleváis el traje terrestre, lo mismo que les ocurre a los astronautas con el traje espacial pero a la inversa, tenéis que véroslas con todos los polos, con todas las alternativas, con todas las posibilidades de la densidad y la materia. No con todo de golpe, claro está, porque sería excesivamente arduo hacerlo todo en una sola encarnación, aunque sí con bastantes de las cosas que habéis elegido conocer y experimentar cada vez. Por eso, fuera del plano de la densidad y la materia, dentro del plano de la Unidad y del Espíritu, no existe el concepto de herida, de la misma manera que no existen la culpa, la vergüenza, el juicio ni toda esa palabrería que tanto os gusta usar y que tanto, ¡lamentablemente! os lleva al dolor y os aleja de lo que en realidad sois: seres divinos, maestr@s de la Vida y trabajadores al servicio de la Luz, en comisión de servicio y llevando a cabo, siempre, tareas importantísimas para la Vida en todas partes.

                                                                                        Sí, porque el mero hecho de aceptar encarnarse ya es un magnífico y bello servicio a la Vida, cualquiera que sea lo que hagáis, eso no importa. Lo verdaderamente importante es haber aceptado hacerlo, haber aceptado poneros el traje terrestre, siendo lo grandes que sois y, al mismo tiempo, mostrando vuestra humildad y aceptando poneros al servicio de la Vida, para que la Vida crezca, se desarrolle, se expanda y se haga más y más infinita cada vez, más y más luminosa, más y más consciente, más y más llena de amor, porque la Vida necesita de vuestro servicio, de vuestra entrega, del amor que ponéis en lo que hacéis. Sí, porque incluso cuando creéis que estáis haciendo las cosas por obligación, porque no tenéis otra alternativa o porque no os queda más remedio, la verdad es que lo estáis haciendo por amor, por un inmenso y puro amor, disfrazado, eso sí, de queja, de dolor, de protesta, de rabia incluso, pero de un gran amor en definitiva, porque lo único que en realidad existe en el fondo de todas las cosas y de todos los seres, terrestres y de otros planetas y dimensiones, es el AMOR. El AMOR INFINITO y PURO por todo cuanto existe.

                                                                                        Fijaos en los animales, en las hierbas del campo, en las flores, en los ríos, en vuestros semejantes… ¿Podrían haber sido creados por otra energía, inteligencia, conciencia y función diferente al Amor? Por eso, fuera del plano terrestre, y también dentro de él cuando conseguís dejar la mente (el yo terrestre) a un lado, todo es sagrado y lo que vosotr@s consideráis un obstáculo no es sino una oportunidad de mayor crecimiento y de mayor capacidad para amar. Ahí, en ese espacio, todas las heridas no son sino motivos para que os conozcáis más profundamente y os deis cuenta de todo lo que podéis hacer, de todos vuestros talentos y capacidades y, sobre todo, sobre todo, para que seáis conscientes de que, en realidad, nada os puede destruir ni haceros el más mínimo daño, porque nada ni nadie puede destruir lo que es eterno y siempre lo será, nada ni nadie puede quitaros la más mínima micra de vuestra esencia divina, y todo, en cambio, os fortalece, os enriquece, os engrandece y os hace más sabi@s en el preciso momento en que os dais cuenta de que está ahí para ayudaros, para vuestro mayor beneficio y para que os améis cada vez más, pase lo que pase, sin condiciones, ninguna, ni la más pequeña que podáis imaginar. En ese espacio santo, sí, no temáis usar esta palabra,  los defectos no son sino virtudes sin desarrollar, expresar y experimentar, talentos esperando ser reconocidos y utilizados. Los obstáculos no son sino escalones y trampolines que os impulsan y catapultan cada vez más arriba en la escalera de la evolución, de la conciencia, de la sabiduría, del poder interior y de todo lo mágico y divino de la Vida.

                                                                                        Por eso, todo el dolor padecido, y todo el que otras personas hayan padecido por vuestros actos, podéis sanarlo dentro de vosotr@s mism@s y una manera de hacerlo es con la ayuda de los Registros Akáshicos. Con ellos también podéis darle la vuelta al dolor y convertirlo en un magnífico aliado, en un compañero fiel que os indica qué necesita ser sanado en cada ocasión, en un extraordinario guía de viaje, de ese viaje apasionante y maravilloso que nunca termina: el viaje hacia vosotr@s mism@s, hacia vuestra divinidad y hacia el encuentro con la Divinidad Creadora, que es lo mismo que decir al encuentro del Todo, al regreso a la Unidad de la que un día os separasteis para llevar a cabo el viaje terrestre y material.  Con la guía y la tutela de los Registros de vuestra alma, podéis llevar a cabo esa transmutación alquímica, ese convertir los metales pesados del dolor, la rabia, la tristeza, el resentimiento, el odio…, en el oro puro de la alegría, el amor, la libertad, la paz interior, la comprensión y todas las demás cualidades divinas. Gracias a ello, cada vez hay un mayor disfrute para vuestra alma y también, ¡cómo no! para vuestra personalidad terrestre, de la que no tenéis que olvidaros para ser más espirituales. Ya sois espirituales y no tenéis que hacer nada para serlo ni para serlo más. En el espíritu no hay más ni menos, sólo hay espíritu, todo el tiempo. Incluso en el acto más material y práctico de vuestra vida, el espíritu siempre está detrás, entre bambalinas, dirigiéndoos hacia lo que más necesitáis y os conviene. Sí, comprendemos que suena increíble, pero así es. El ego terreno tiene su importancia, su utilidad y su función, de lo contrario no existiría. Sin embargo, él no es el director de la orquesta ni el conductor del vehículo, es sólo el copiloto, el encargado de realizar todo lo que el Ser Superior, el alma, no puede llevar a cabo porque no tiene manos, cuerpo ni pies. Por eso necesitáis un vehículo terrestre para que vuestra alma haga, durante la experiencia terrestre, todo lo que tenga que hacer en ella. En el momento en que el ego comprende esto, algo que ocurre cuando le abrís la puerta al alma y permitís que se convierta en la directora de vuestra vida, el yo terrestre empieza a hacer su papel de una manera nueva y diferente, se pone al servicio de lo divino, y entonces las cosas empiezan a cambiar a vuestro alrededor y sois capaces de verlas con ojos nuevos, con los ojos del alma, libres de la venda del autoengaño, del miedo, del rencor y de la falta de poder.

                                                                                        En el momento en que admitís lo sagrado en todo, empezando por vosotr@s mism@s e incluyendo ahí todas vuestras heridas, pasadas o presentes, sustituís el rencor, el deseo de venganza y el sentimiento de culpa, por el perdón, un perdón radical (de raíz), que comprende el sentido de todo lo acaecido, vuestro y de otras personas, llenando todo y a tod@s de amor genuino, empezando por el amor genuino y libre de juicios por vosotr@s mism@s, un amor que si no sentís por vosotr@s, no podréis sentir por ninguna otra persona, sí ninguna, porque nadie puede sentir por otr@ ni darle lo que antes no ha desarrollado y alimentado dentro de su ser. El perdón radical y el amor genuino por tod@s y por todo no quiere decir que todo de igual y que no importe lo que se hace. Desde luego que todo no da igual y sí importan todos los actos. A lo que se refiere ese tipo de perdón es a la necesidad de ver todo y a tod@s sin juicios, sin condenas, sin críticas ni expectativas, sin lamentos por lo que podría haber sido y no fue o, al contrario, por lo que fue y al ego le parece que no tendría que haber sido. Esto no tiene sentido. Lo que fue, fue y lo que no fue, no fue. De lo que se trata es de liberarse de ese apego, de esa atadura al juicio, al resentimiento o a la condena, poniendo compasión, comprensión, amor, paz y luz en todo y en tod@s, asumiendo cada cual su parte de responsabilidad, y dejando a un lado los sentimientos de culpa por haber actuado del modo en que lo hicisteis, o el intento de culpar a otr@s por sus actos, considerando que tenían que haber actuado de una manera diferente. Cada persona, en cada momento y circunstancia de su vida, actúa de la manera en que lo hace de acuerdo con sus conocimientos, desarrollo, edad, grado de evolución, estado anímico, consciencia y un largo etcétera de cosas. Pensad en vosotr@s mism@s de este modo y comprobaréis en vuestra propia carne y en vuestro propio corazón que esto es cierto. Luego pensad por qué y cómo tendría que ser diferente para otras personas. ¿Le encontráis sentido? ¿Sois capaces de encontrar alguna diferencia? Por eso insistimos tanto en decir que todo es perfecto y que cada persona actúa siempre lo mejor que sabe y puede, con la conciencia, el desarrollo, los conocimientos, el estado interior y las circunstancias que le han tocado y le tocan vivir. A toro pasado y desde la barrera, las cosas se ven de otro modo y es mucho más fácil torear, pero probad a meteros en el ruedo y a poneros delante de un astado de seiscientos o setecientos kilos de peso, ¿torearíais igual? Seguro que no.

                                                                                        A través de vuestros Registros Akáshicos, los archivos de energía, amor, sabiduría y luz de vuestra alma, también podéis ver cómo eso que llamáis heridas son oportunidades para crecer, emplear vuestro inmenso poder interior, poner en marcha herramientas y capacidades que desconocíais hasta ese momento, aprender a pedir y recibir ayuda, o a darla cuando otr@s la necesitan. Recordad siempre que allí donde se plantea o surge  un problema, al mismo tiempo, se plantea y surge su solución. Esto es así porque la energía y la inteligencia del problema y de la solución son una y la misma cosa, sólo que expresada de dos maneras diferentes. Una de esas maneras, de nuevo nos encontramos con la dualidad, se presenta en forma de problema, de dificultad, de síntomas corporales…, y la otra llega en forma de solución, de facilidad, de sanación… La mayoría de las veces, por no decir casi todas hasta que despertáis y eleváis vuestra conciencia, cuando os encontráis con la primera modalidad de situaciones os enfadáis, os quejáis, empezáis a maldeciros por vuestra mala suerte, pensáis que tendríais que haber actuado de otra manera… y recordáis una y otra vez lo ocurrido, dándole más y más vueltas en vuestra mente, prestándole más y más atención y alimentándolo tanto con vuestra energía que lográis que lo sucedido crezca y se multiplique hasta un tamaño inusitado, muchas veces el triple o el cuádruple del hecho real en sí.

                                                                                        De ese modo, al centraros sólo en la “dificultad”, os priváis de ver la solución, que está siempre al lado de ella, pero que os pasa inadvertida por vuestra cerrazón y vuestro enfado. En cambio, cuando ante los imprevistos de la Vida, que desde luego tiene muchos, de eso se trata, sois capaces de serenaros, de respirar profundamente varias veces, de ir hacia vuestro interior y de preguntaros para qué bien mayor, para qué aprendizaje, para qué maravillosa experiencia ha aparecido esto en vuestra vida, precisamente en el lugar y en el momento en que lo ha hecho, conectáis con el amor que sois y le pedís consejo y guía a vuestra alma, plenamente conscientes de que todo tiene un sentido y es causal con vuestra trayectoria vital y vuestro desarrollo en cada momento, no sólo lograréis que lo acaecido se mantenga tal como es sino que, sobre todo, seréis capaces de encontrar la solución creativa, y con frecuencia mágica, de ese contratiempo imprevisto, que no está sino a su lado, que no está sino dentro de vosotr@s, porque si sois creador@s y sin duda alguna lo sois, y habéis sido capaces de crear el contratiempo, ¿sería posible no crear también la solución? Los archivos del alma os muestran que lo mismo que podéis crear dificultades, problemas y pruebas para aprender, experimentar y ver las cosas cada vez de un modo nuevo y con una perspectiva más amplia y amorosa, también podéis crear, y desde luego creáis, la manera de resolverlas y de salir airos@s de ellas. De hecho hacéis las dos cosas todo el tiempo, aunque much@s de vosotr@s todavía no sois conscientes de vuestro poder creador, y por eso os lamentáis y tratáis de buscar la causa y la culpa de lo que no os gusta fuera, cuando en realidad la causa y la responsabilidad, nunca la culpa porque para el alma no existe, sólo está dentro de vosotr@s, tanto para lo que llamáis positivo, apetecible, deseable y agradable como para lo opuesto. Si le dais la vuelta a todo lo doloroso, del pasado o del presente, y lo contempláis con esta perspectiva, con la perspectiva del alma y no del yo terrestre, enseguida os daréis cuenta de que es cierto esto que os decimos y que, en realidad, nadie os ha herido jamás ni tampoco vosotr@s habéis herido nunca a nadie, sólo y todo el tiempo habéis estado, y seguís estando,  experimentando y viviendo situaciones de aprendizaje, de comprensión, de desarrollo, de amor, de alegría…, l@s un@s para con l@s otr@s, habéis hecho, y seguís haciendo, de maestr@s y de aprendices l@s unos con l@s otr@s, porque ese fue uno de los pactos que hicisteis antes de viajar a la existencia terrestre.

                                                                                        Todos los Seres de Luz que formamos parte de los Registros Akáshicos, generales e individuales, estaremos encantados de recibiros y de prestaros nuestra ayuda siempre que la necesitáis y nos sea requerida. Sin vuestra petición, consciente o inconsciente, nosotros no podemos intervenir porque hemos de respetar vuestro libre albedrío y vuestras decisiones amparadas en él, aunque desde aquí, muchísimas veces, veamos adonde os puede llevar el ejercicio de esa libertad, cuando no está centrada en lo que más os conviene y en lo que más necesitáis, cuando no está ejercida en compañía de su hermana gemela: la responsabilidad. En esas ocasiones, tan numerosas, nos gustaría intervenir, pero nunca lo hacemos. Es un requisito imprescindible para nosotros respetar vuestras decisiones y por eso sólo actuamos cuando nos lo pedís expresamente, aunque a veces expresamente pueda ser con una queja del alma o del corazón, no tiene que ser emitida con palabras, si bien desde luego preferimos que así sea porque, cuando utilizáis vuestro lenguaje para pedir nuestra intervención, es que ya sois conscientes de nuestra existencia y de nuestra capacidad para ayudaros, lo que tampoco significa que vayamos a hacer por vosotr@s vuestro trabajo o que vayamos a quitar de vuestro camino las situaciones que habéis de vivir.

                                                                                        Como hemos dicho antes, todas vuestras situaciones son elegidas antes de la encarnación, muchas incluso con fecha y hora, de modo que nadie, salvo el Creador, puede quitarlas de en medio y ni siquiera Él/Ella lo hace, porque no os ha creado libres para quitaros esa libertad a las primeras de cambio y mucho menos porque vuestro ego decida que así tenga que ser. No obstante esto, siempre estamos con vosotr@s, tutelándoos, protegiéndoos, enviándoos, como buenamente podemos, nuestras señales, para que os deis cuenta de nuestra presencia y nos alarguéis la mano. Siempre atenderemos vuestras peticiones de ayuda, de guía, de orientación…, porque estamos encantados de acompañaros en vuestras experiencias y de mostraros lo que necesitáis para que todo vaya sobre ruedas y con viento propicio. No tenéis nada que temer.  Estáis suficientemente protegid@s por el Amor y la Luz del Creador. No necesitáis protegeros de nada más, salvo de vosotr@s mism@s, cuando os dedicáis a boicotearos y a ceder vuestro poder interior esperando que alguien os salve y os libre de todo mal. Os amamos tal como sois. A tod@s. Habéis hecho cosas muy grandes y estáis en camino de hacer otras mayores aún, tan grandes que vuestra mente no alcanzaría a imaginar siquiera. Vuestra alma sabe que es cierto…, porque ya las habéis hecho antes y ella, en su archivo de luz, en su archivo akáshico, las tiene registradas. Que así sea en amor y gratitud para la Vida en todas partes. Amén, Amén, Amén.


Información canalizada por
María Dolores Sánchez-Villacañas de Toro
Directora y Psicoterapeuta de
Alcántara Psicología y Espiritualidad

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